Adultocentrismo; concepto y actualidad

“…Y estos niños a los que les escupen,
mientras tratan de cambiar sus mundos…
están inmunes a sus consultas.
Son muy conscientes
de lo que están viviendo…”

David Bowie.

Decir que el Adultocentrismo es una problemática actual, sería deshonesto. La historia de la infancia ha crecido en las sombras con un largo prontuario de abusos y daños irreparables a nivel social.

Adultocentrismo (Duarte, 1994) Se denomina como un sistema de dominación a partir del desarrollo que cada edad le correspondería, según la definición de sus posiciones en la estructura social, lo que influye en su calidad de vida como sujetos ya que se asienta las capacidades y posibilidades de decisión y control social, económico y político. De esta manera se genera una relación asimétrica entre menores de edad y adultos, en base a éste juegos de roles; el adolescente es oprimido por la figura del adulto en el ambiente familiar y educativo, principalmente para capacitarlos para su futuro desempeño laboral. Así, se puede entender el Adultocentrismo como un sistema de dominación que se fortalece en los modos materiales capitalistas de organización social. No es que antes no existiera sino, como se puede ver, ese modo de producción se sirve de dicho sistema para su reelaboración continua en lo económico y político, como también en el plano cultural y simbólico.

A lo largo de la Antigüedad y la Edad Media los niños vivían mezclados con los adultos, no existiendo una definición clara sobre un proceso educativo, no había una ritualidad que marcara diferencias entre una u otra edad. La mortalidad infantil por causas naturales era muy elevada, principalmente por enfermedades, tratos inadecuados y accidentes. Por lo tanto, el infanticidio se practicaba profusamente con niños con algún defecto físico, ilegítimos o por falta de recursos económicos para mantenerlas en ocasiones por razones religiosas oscuras (ofrendas) (Enesco, 2001). El infanticidio no se considera asesinato hasta el siglo IV, aunque se sigue practicando profusamente durante la Edad Media. Ya para el Renacimiento surgen muchas ideas clásicas sobre la educación infantil, como ocurre con Luis Vives (1492- 1540) quien expresa su interés por la evolución del niños, por las diferencias individuales, por la educación y por la necesidad de adaptación de la educación a los distintos casos de niveles, resaltando su preocupación por la educación de las mujeres, en especial su educación como futuras madres educadoras. Se produce así un auge de las observaciones de niños que revelan un nuevo interés por el desarrollo infantil (Enesco, 2001). En la época moderna figuras importantes como Jean- Jacques Rousseau, sostiene una serie de principios básicos sobre cómo educar niños. Entre sus ideas más influyentes está que los niños son buenos por naturaleza y es la sociedad la que puede llegar a influir las buenas inclinaciones del niño. Defiende la idea que toda educación debe adaptarse al nivel del niño y la importancia de que adquieran conocimiento, y también debe incluir a las mujeres, y hasta el siglo XX la infancia no es plena y explícitamente reconocida como período con sus propias características y necesidades, ahí el niño se toma en cuenta con derechos e identidad personal, a la dignidad y la libertad, y para oficializarlo se realizó la Declaración de los Derechos del Niño, Proclamada por la Asamble General en su resolución 1386-XIV, de 20 de noviembre de 1959. Sin embargo, este texto no es de cumplimiento obligatorio para los Estados hasta 1989, cuando la Convención sobre los Derechos del Niño es adoptada por la Asamble General de la ONU y abierta a la firma y ratificación por parte de los Estados. (UNICEF, 1997)

Puede concluirse, por lo tanto que el desarrollo adolescente es un proceso de cambios y transformaciones, que permite un enriquecimiento personal y progresivo en una delicada interacción con los entes sociales del entorno; su valoración tiene como referente no sólo la biografía del individuo, sino también la historia y el presente de su sociedad (Unicef, 2015). Entonces, al observar que el adolescente se relaciona en un presente social y familiar donde operan mecanismos adultistas que afectan su individualidad y la calidad de los vínculos afectivos con familiares y cercanos, se genera un problema cuando aparece el tema del poder ya que las diferencias de edades entre los distintos grupos (niños, adolescentes, jóvenes, adultos, adultos mayores) constituyen un espacio con relaciones, prácticas y conductas que están permitidos a ciertos grupos y a otros no.

Desde la mirada de los académicos se podría decir incluso que los estudios realizados hasta la fecha en torno a los niños y jóvenes son de una mirada adultista. Pero desde lo macro a lo micro es posible identificar características adultistas en los vínculos cercanos de los chicos y potenciar el aspecto positivo de éstas. Con un fin protector y de apoyo en el desarrollo particular en cada uno de ellos.

El sociólogo chileno Claudio Duarte Quapper ha sido uno de los principales
autores de investigaciones sobre el Adultocentrismo en Chile y como bien indica él en su Tesis “El Adultocentrismo como paradigma y sistema de dominio”:
“Me sorprendió ingratamente el conjunto de explicaciones Adultocentricas, que producían y justificaban una serie de maltrato contra las y los jóvenes, más que constituir una lectura que potenciara su ser jóvenes en sociedad, constaté pocos cuestionamientos a esas elaboraciones y escasas propuestas alternativas. Como investigador me planteé: contribuir al debate sobre lo juvenil aportando, en su vertiente epistemológica, una nueva mirada sobre los paradigmas y perspectivas en juego al
momento de hablar con jóvenes y lo juvenil en una sociedad adultocéntrica, en la que se requiere interrogar a la producción de conocimientos sobre lo juvenil en Chile, respecto de los imaginarios con que ha elaborado y comunicado dicha producción.”
Las investigaciones relacionadas con Adultocentrismo originalmente vienen sobre estudios sobre perspectiva de género de la invisibilización y universalización de las mujeres surgiendo del movimiento feminista. En cambio la investigación social de juventud no emerge necesariamente de experiencias propias juveniles, sino más bien de personas que son consideradas socialmente adultas, y que por motivaciones diversas comienzan a producir conocimientos acerca de nociones y perspectivas sobre lo
juvenil con , a pesar del aporte contribuido en Chile desde la Sociología sobre el tema es relevante que otras disciplinas de las ciencias sociales y humanidades puedan contribuir para mejorar la situación actual de los y las jóvenes en el país y Latinoamérica. (Duarte, 2015)

Cuando los adolescentes internalizar estos mensajes negativos o estereotipos que construyen y usan los adultos, es muy posible que ellos comiencen a utilizarlos con niños y niñas más pequeños, influyendo en sus relaciones simétricas, no respetándolos o incluso atacando a otros por ser diferentes, y pudiendo atribuir estas descalificaciones a la construcción de su propia autoestima. Se hace referencia a la familia y a las relaciones entre sus pares ya que, el vínculo afectivo padre-hijo se considera una variable de gran
peso en el desarrollo de conductas de riesgo como la depresión y la drogodependencia en adolescentes, quienes tienen un vínculo pobre es posible que sean más vulnerables que aquellos que tienen un vínculo más fuerte ( Sierra y García, 2011)

En la actualidad Chile cuenta con el Servicio Nacional de Menores para sustentar el bienestar de los menores de edad, pero dentro de las investigaciones se puede evidenciar que mientras los niños y adolescentes se mantengan en esa posición de “menor” frente a otro grupo etario no es posible un desarrollo beneficiario a nivel social y personal, ya que han sido excluidos durante siglos que significativos derechos que tienen como seres vivos. Desde la información, la educación y deberes cívicos que tiene que ser inculcados durante sus primeras etapas de crianza para hacerle sentido con su rol en la sociedad actual. Podrán asumir una responsabilidad personal que sea beneficiosa para su
percepción como individuos, su autoestima y el rol que quieren mantener en sus interacciones sociales, y la educación tiene un papel preponderante en este cambio de generaciones.

 

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La voz de un corazón roto:

“Virtudes de un corazón roto” se llama mi primera novela, pasó varios años sin tener un nombre definido… hasta que un día haciendo zapping en la TV, entre los canales de películas subtituladas se cruzaron estas bellas palabras y se quedaron para bien. Hablando de “causalidades” de la vida…

Sinopsis:

Ante las frecuentes observaciones de los maestros de Alicia por su introvertida personalidad, sus padres deciden hacer una lista de 20 puntos que debe realizar antes de terminar la escuela, cargada de locuras e ideas exacerbadas para la tímida chica de 15 años. Tras la traumática muerte de su madre, Alicia decide realizar la lista para superar la profunda depresión que padece tras un año de su muerte. Su vida tiene un vuelco repentino tras una hilera de problemas familiares y acaba viviendo con sus tíos narcotraficantes con los que se ve envuelta en el asesinato de un estafador y asi también se desarrollan una serie de conflictos típicos de la adolescencia y la realización de la ya mencionada lista junto a sus dos nuevos mejores amigos del colegio , quienes son pacientes psiquiátricos al igual que ella y comparten una aguda pasión por la vida catapultándolos a un emotivo desenlace sobre los misterios de la existencia. La historia sensibiliza con los problemas adolescentes actuales y mantiene una visión introspectiva de la protagonista a lo largo de sus interminables desventuras con un sentido de resiliencia utilizando argumentos de la logoterapia para generar reflexión en el lector.

“Opté por internarme en los talleres de arte y literatura de la escuela, poner pestillo en la puerta de mi habitación y los audífonos en mis oídos, de pronto la indiferencia se convirtió mi medio de comunicación más efectivo. Creo que al llegar a Santiago el smog redujo mis niveles de endorfina y el hacinamiento en el transporte público atrofió mi sistema nervioso, porque de un día para otro era una ciudadana más en piloto automático ignorando las bromas pesadas de mis compañeros que intentaban mover mi silla en clases con algún desagradable insulto. Mis profesores se hacían los desentendidos y a mis padres les metieron  la idea de “Síndrome de Asperger” o la necesidad de terapia, pero ellos se lo tomaban con humor como todo lo demás y humor a mis padres les sobraba. Su solución ante ello fue hacer una lista con 20 puntos que debería hacer antes de salir de cuarto medio para situarme en la escala de “normalidad” adolescente que mencionaban los académicos, y por supuesto, la escribieron cargado de su usual sentido del humor: como probar alucinógenos, besar por lo menos 35 chicos, irme de fiesta 24/7, cometer un delito y así la lista seguía. Cada mañana la lista aparecía pegada en la puerta de mi habitación, junto al velador o en el interior de mis cuadernos de arte para recordarme que existía algo más emocionante en la vida que las canciones de Thom Yorke.” Capítulo I, Alicia San Miguel, 16 años.

Argumento 1:

La historia expone una serie de problemáticas psicosociales casi tan amplia como la lista de 20 puntos que Valentina, su madre le dejó a Alicia.

Era muy importante para mí escribir sobre el suicidio, porque como varios ya sabemos, sus cifras van en aumento no sólo en Chile y Latinoamérica. Los vínculos afectivos entre adolescentes y sus pares son gatillantes en el desarrollo de conductas de riesgo y vulnerabilidad (drogas, delincuencia, embarazos, etc). Para hablar de ello haré hincapié en el término Adultocentrismo, que nace de los estudios sobre igualdad de géneros, ya que se genera una relación asimétrica entre niños/ jóvenes y adultos, en base a éste juegos de roles; el adolescente es oprimido por la figura del adulto en el ambiente familiar y educativo, principalmente para capacitarlos para su futuro desempeño laboral. En ese tipo de relaciones desiguales está presente el Adultismo, un concepto que se refiere a cualquier comportamiento, acción o lenguaje que limita o pone en duda las capacidades de los adolescentes por el hecho de tener menos años de vida. (Unicef, 2015). Entonces, al observar que el adolescente se relaciona en un presente social y familiar donde operan mecanismos adultistas que afectan su individualidad y la calidad de los vínculos afectivos con familiares y cercanos, se genera un problema cuando aparece el tema del poder ya que las diferencias de edades entre los distintos grupos (niños, adolescentes, jóvenes, adultos, adultos mayores) constituyen un espacio con relaciones, prácticas y conductas que están permitidos a ciertos grupos y otros no grupos.

A esta escueta explicación sobre el adultocentrismo adjuntamos las expectativas sociales y como conflictos generacionales familiares alteran la construcción personal que realizamos en la etapa de desarrollo adolescentes. Las cuales contribuyen a conductas de riesgo como el suicidio y la depresión.

Al perder a su madre en un accidente, Ali menciona como se desencadena dentro de ella una especie de virus cargado de angustia que la lleva a la autoflagelación y detener la ingesta de alimentos. Es un personaje muy sensible cargada de mecanismos de defensa como el mutismo voluntario y la permanente indiferencia ante el resto que va evolucionando página a página.

Mi objetivo con esta novela es capturar la atención de jóvencitas y jovencitos con una problemática similar a los diversos personajes que van presentándose en cada capítulo. Centré mayormente mi creatividad en el desarrollo de personajes que acompañan a esta pequeña perdida en un mundo de locos. Y se presenta como un reto, debido a la gran variedad de literatura infanto juvenil y estímulos externos a los cuales tienen acceso los muchachos.

Siendo esa una de las razones, los personajes que acompañan a Ali durante la historia son León, un chico diagnosticado con Trastorno de Atención e Hiperactividad e Isidora, diagnosticada con Bipolaridad. Miembros activos del grupo estigmatizador de “enfermedades” psiquiatricas tan populares en las generaciones actuales, de esas que se solucionan con una píldora, hacer vista gorda a la familia … y oídos sordos al discurso del paciente. Ampliar los conocimientos acerca de nuestras emociones y vínculos es fundamental para avanzar como sociedad y cada día los medios de comunicación lo manejan con insensibilidad e indiferencia.

Al momento de terminar el libro compré los derechos de autor y la envíe a varias editoriales. Hasta hace poco fue admitida en una de ellas y espero pronto poder presentarla ante el mundo.

 

Antes de dormir

Antes de dormir me detendré a compartir uno de mis poemas favoritos de Alejandra Pizarnik, entre tantos favoritos la comparto a ella por volver sus trabajos algo tan personal. Vivió al borde de la locura, y me recuerda una época personal que describí en mis publicaciones anteriores. A ella se la llevaron las drogas y el desamor… por Silvina Ocampo… o quien sabe. Otro día escribiré algo bonito para hacerle justicia a su sorprendente talento para haber transformado el lenguaje, buenas noches.

“Recuerdo mi niñez
cuando yo era una anciana
Las flores morían en mis manos
porque la danza salvaje de la alegría
les destruía el corazón.
Recuerdo las negras mañanas de sol
cuando era niña
es decir ayer
es decir hace siglos”. Alejandra Pizarnik

 

Caminos del espejo

I
Y sobre todo mirar con inocencia. Como si no pasara nada, lo cual es cierto.

II
Pero a ti quiero mirarte hasta que tu rostro se aleje de mi miedo como un pájaro del borde
filoso de la noche.

III
Como una niña de tiza rosada en un muro muy viejo súbitamente borrada por la lluvia.

IV
Como cuando se abre una flor y revela el corazón que no tiene.

V
Todos los gestos de mi cuerpo y de mi voz para hacer de mí la ofrenda, el ramo que abandona
el viento en el umbral.

VI
Cubre la memoria de tu cara con la máscara de la que serás y asusta a la niña que fuiste.

VII
La noche de los dos se dispersó con la niebla. Es la estación de los alimentos fríos.

VIII
Y la sed, mi memoria es de la sed, yo abajo, en el fondo, en el pozo, yo bebía, recuerdo.

IX
Caer como un animal herido en el lugar que iba a ser de revelaciones.

X
Como quien no quiere la cosa. Ninguna cosa. Boca cosida. Párpados cosidos. Me olvidé.
Adentro el viento. Todo cerrado y el viento adentro.

XI
Al negro sol del silencio las palabras se doraban.

XII
Pero el silencio es cierto. Por eso escribo. Estoy sola y escribo. No, no estoy sola.
Hay alguien aquí que tiembla.

XIII
Aun si digo sol y luna y estrella me refiero a cosas que me suceden. ¿Y qué deseaba yo?
Deseaba un silencio perfecto.
Por eso hablo.

XIV
La noche tiene la forma de un grito de lobo.

XV
Delicia de perderse en la imagen presentida. Yo me levanté de mi cadáver, yo fui en busca de quien soy.
Peregrina de mí, he ido hacia la que duerme en un país al viento.

XVI
Mi caída sin fin a mi caída sin fin en donde nadie me aguardó pues al mirar quién me aguardaba
no vi otra cosa que a mí misma.

XVII
Algo caía en el silencio. Mi última palabra fue yo pero me refería al alba luminosa.

XVIII
Flores amarillas constelan un círculo de tierra azul. El agua tiembla llena de viento.

XIX
Deslumbramiento del día, pájaros amarillos en la mañana. Una mano desata tinieblas, una mano arrastra
la cabellera de una ahogada que no cesa de pasar por el espejo. Volver a la memoria del cuerpo,
he de volver a mis huesos en duelo, he de comprender lo que dice mi voz.

 

A.P

Primeros títulos de la Biblioteca invisible:

Existe una etapa en las estructuras clínicas que los psicoanalistas indican como el límite entre la psicosis y la neurosis, si no pasas el límite… si no reconoces al “otro”… si no rompes la relación simbiótica serás bienvenido a la Psicosis, entre la Bipolaridad y la Esquizofrenia si tienes suerte… a la caja oscura de la psicopatía si no la tienes. Yo pasé el límite pero me escondí de esos “otros” sin tener idea la repercusión que vendría con los años en mí. Leí por ahí que los escritores son más propensos a las enfermedades psiquiátricas como la depresión maniaca, en parte por motivos sociales o familiares y en parte por el constante cuestionamiento existencial al que nos sometimos gran parte del tiempo. Queremos saberlo todo, describir cada sensación, sentimiento, idea, aroma, queremos sumergirnos en la vida a través del lenguaje. Yo lo sé… esto jamás se detuvo, esto en mi mente y en mi alma… las ansias por escribir, escondida en la biblioteca invisible, alojada entre sus estantes escribiendo la realidad que tuvo que haber sido. Atribuyéndole características ideales a las personas reales que se  asemejaban a mis personajes. El primer libro que salió de la Biblioteca Invisible fue Virtudes de un corazón roto; porque él? porque trataba sobre la liberación de mi misma, la liberación de la Biblioteca Invisible, donde sin tener conciencia de ella hasta años más tarde en plena adultez había construído mi jaula de cristal lejana y negada a la realidad. La misma jaula que a los 19 años me mantuvo cautiva cuando me diagnosticaron trastorno de personalidad limítrofe… estaba en el límite de la neurosis y la psicosis… romántico, ah?

El aprendizaje conmigo misma duró años, contra la dependencia emocional y la dependencia a la Biblioteca Invisible, a través la cual me comunicaba. Para simplificarlo, la imaginación se volvió en mi más efectivo mecanismo de defensa para no enfrentar lo que más temía ” el abandono”. Me aislé para escribir la realidad, o más bien imaginarla, es más seguro que enfrentar tu real problema, que tener relaciones reales y darte el trabajo de conocer a las personas, fiel al dicho “el escudo daña más que la espada”. En el cuento Alicia había caído al agujero del conejo y no sabía que estaba soñando, hasta que venció sus propios temores. Pero Alicia no escribió, no vió en las noticias como caían en el agujero chicos de todas las edades y jamás volvían, no era real. Entonces surgió la idea/necesidad/ansia de escribir para evitar que otros caigan a ese agujero al que yo había caído.

Había salido del infierno con el tiempo y sentía que debía volver por los demás. Siempre he sentido un interés desinteresado por las problemáticas sociales y causas comunitarias y no iba a quedarme sentada viendo como otros se dañaban a sí mismos en el espiral de la depresión, asi que decidí estudiar psicología. Para cuando mi hijo cumplio 3 años me matriculé y  tomé mis cuadernos viejos para concluír mi primera novela real “Virtudes de un corazón roto”… al fin, fuera de la Biblioteca Invisible.

El primer libro

 

“Arrojé la perla de mi alma a una copa de vino”

Oscar Wilde.

El primer libro de la Biblioteca Invisible se escapa de un título concreto, seguramente es un álbum de fotografías como una danza de imágenes difusas con un ave fénix, hadas y árboles parlantes. En mi casa, en la escuela, en el jardín de fantasía de mi abuelo, los recuerdos de mi infancia son en solitario. Hasta que llegó “el primer libro”, este llegaría luego de varios títulos de entretención hasta los 11 años; Papelucho y el marciano, El gato Mog, Ingo y Drago y varios libros pero fue en 5° año, cuando nos cambiaron de profesora en Lenguaje que conocí a Oscar Wilde y desde ahí en adelante cada autor inglés que se le pareciera. Jane Austen, Charles Dickens, las hermanas Brönte, Mary Shelly, etc. Fue con él con quien me enamoré de los libros y supe que yo también podía escribir.

Tenía 11 años, que bah! quería intentarlo, quería saber lo que era crear el mundo. Alojarse en otra piel, en dos, en tres… hasta difuminar el tinte gris sobre el cual exploraba entre risas chillonas en las aulas y la frialdad de mis padres. María Luisa Bombal, Dante y su infierno, Shakespeare y sus muertes, el cielo era el límite… la vía lácteas estaba hecha de letras.

Introducción a la biblioteca invisible:

La biblioteca invisible nace a mediados de 1993 o quizás antes, cuando empecé a crecer entre los árboles de mi abuela y los libros de cuento que encontraba en mi escuela o casa. Es invisible porque sus estanterías se encuentran en los rincones de mi mente, en ella albergan una cantidad innumerable de historias que han sido fruto de mi imaginación, como buena niña solitaria y malhumorada, la literatura se convirtió en mi más fiel amiga. En los libros encontré el lenguaje y las imágenes que buscaba para comunicarse y protegerse de la única realidad que conocía como cualquier habitante femenino de Latinoamérica, donde debes comportarte como una adecuada señorita, ser católica, no decir groserías, adaptarte a las opiniones ajenas, silenciarte ante los abusos de terceros y así la lista continúa. Era de suma rigurosidad no cuestionar las decisiones que tus padres (los adultos) tomarán por ti, aunque eso incluyera cerrar tu boca de un golpe o dejarte sin comer por horas. La biblioteca invisible es un espacio donde habita la esperanza y la fantasía, donde esa realidad ha sido difuminada a través de moralejas, el arte y la belleza de los pensamientos, donde se crean personajes y portales a otras realidades que en ocasiones olvidamos que también son nuestras. De ahí nació también mi interés por la Psicología, por la restitución de los derechos de las minorías sociales y la comprensión de la resignificación de nuestras historias personales, me esfuerzo porque mis novelas ayuden al lector a realizar esta re significación con las capacidades que posee cada uno pero es una solo página dentro de la Biblioteca Invisible, invitaré a todos los solitarios a leer y tomar una taza de té. Bienvenidos.